Lectura generadora para el Capítulo 2
(ASTARITA) El carácter burgués, o pequeño-burgués, de la ideología sindicalista.
La
clase obrera argentina tiene una conciencia burguesa, y que confía en
dirigentes y partidos patronales, “a pesar de ser sindicalmente avanzada”.
Respondí que coincidía, y señalé la importancia de la definición de Lenin
sobre el carácter burgués, o pequeño-burgués, de la ideología
sindicalista.
Naturalmente, esta definición de Lenin conecta con la crítica
que hace el marxismo a los programas y estrategias de los reformistas y
socialistas vulgares, quienes ponen el acento en la distribución del ingreso, o
de la riqueza (ver aquí). Pero
esta última es asimismo la perspectiva con que militan miles de
sindicalistas (me refiero a sindicalistas honestamente reformistas). Por lo
general, estos se inclinan
a creer que, mediante una combinación de presión sindical, negociación y
apoyo a tal o cual fracción burguesa (o pequeño-burguesa), podrán mejorar
definitivamente los ingresos y condiciones laborales de la clase obrera. Y también esa
es la idea que tienen millones de trabajadores.
Los socialistas, en cambio, sostienen que en la medida en que no se
transformen las relaciones sociales de producción, los males característicos
del capitalismo -polarización social creciente, crisis periódicas y
desocupación, explotación, trabajo alienado- no se acabarán. Por este
motivo, los militantes
obreros socialistas no pueden limitarse a ser buenos sindicalistas. Por
supuesto, luchan por las demandas sindicales –mejora del salario, de las
condiciones laborales, libertad de organización, etcétera- pero además,
y por sobretodo, critican la ideología burguesa reformista. Una
cuestión que subrayaba Lenin, y estaba en la tradición socialista, pero
que ha tendido a perderse de vista. Así, por ejemplo, en Argentina muchos
militantes de izquierda están convencidos de que es suficiente con ser los más
consecuentes luchadores “contra el ajuste de Cambiemos y los gobernadores
peronistas” para ganar a las masas trabajadoras al socialismo. Piensan que
por esta vía “práctica” se rebalsarán los diques del dominio ideológico y
político burgués, y que cualquier otro abordaje del problema es poco menos que
“teoricismo abstracto”. Por eso, y sin ánimo de imponer principio de
autoridad alguno, pienso que conocer lo básico del enfoque leninista sobre la
naturaleza del sindicalismo puede ayudar a la reflexión acerca del contenido de
la actividad socialista.
El carácter de clase del sindicalismo en el “¿Qué hacer?”
Tal vez la idea clave de Lenin es que las estrategias y programas reivindicativos del sindicalismo,
en la medida en que no cuestionen la existencia misma del trabajo
asalariado, no dejan de ser programas burgueses (o pequeño burgueses).
La cuestión está planteada con mucha claridad en uno de sus trabajos más
citados, el folleto ¿Qué hacer? (Obras Completas, tomo
5, Madrid, Akal, 1976).
En este
escrito Lenin explica que la sindical es la lucha económica “práctica”, o de
resistencia a los capitalistas, con el fin de mejorar las condiciones de la
venta de la fuerza de trabajo. Por eso los sindicalistas (Lenin no se refiere a
burócratas sindicales como conocemos hoy, sino a gremialistas honestos)
reclaman reformas sociales contra la explotación económica, la desocupación, el
hambre, por la promulgación de leyes de protección de la mujer y el niño, por
mejores condiciones de trabajo por medio de una legislación sanitaria e
industrial, y semejantes (véase p. 411).
Este tipo de actividad, sigue Lenin, es un elemento integrante
de la actividad socialista, pero no por ello lleva a la lucha por el socialismo;
por el contrario, puede inducir a una lucha exclusivamente sindical y a
un movimiento no socialista (p. 407). Por este motivo señala que “[l]a
socialdemocracia dirige la lucha de la clase obrera no solo para obtener
condiciones ventajosas de venta de la fuerza de trabajo, sino para que
sea destruido el régimen social que obliga a los desposeídos a vender su fuerza
de trabajo a los ricos” (…) Se comprende, por tanto, que los
socialdemócratas no solo no pueden circunscribirse a la lucha económica, sino que ni
siquiera pueden admitir que la organización de las denuncias económicas
constituye su actividad predominante” (p. 407, énfasis agregado).
También: “La lucha política de la socialdemocracia es mucho más
amplia y más compleja que la lucha económica de los obreros contra los patronos
y el gobierno” (p. 459). Por eso, la verdadera conciencia de clase es la conciencia “del antagonismo irreconciliable”
entre los intereses de los obreros “y todo el régimen político y social
contemporáneo” (p. 382). Pero en ausencia de esta conciencia de clase –esto es, de un programa y de una
estrategia que apunte a terminar el trabajo asalariado- el movimiento
sindical tiende, espontáneamente, a subordinarse a la ideología burguesa (digamos,
a reivindicar “el salario justo”, “la justicia social en el reparto”, y
similares).
Sin embargo, ¿por
qué ocurre esta adaptación a la ideología burguesa? La respuesta es: porque
no existe ideología independiente de las grandes clases sociales. En
palabras de Lenin:
“… el problema se plantea
así: ideología burguesa o ideología socialista. No hay término medio… (… en
la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una
ideología al margen de las clases ni por encima de las clases). Por eso, todo
lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de ella
equivale a fortalecer la ideología burguesa. (…) … el desarrollo
espontáneo del movimiento obrero marcha precisamente hacia su subordinación a
la ideología burguesa… pues el movimiento obrero espontáneo es
tradeunionismo… y el tradeunionismo implica precisamente la esclavización
ideológica de los obreros por la burguesía ” (pp. 391-392). Insiste en que la
tendencia espontánea del tradeunionismo es “cobijarse bajo el ala de la
burguesía” (p. 392). Reivindica el rol de Lassalle en Alemania, por “haber
apartado [al movimiento obrero] del camino del tradeunionismo progresista y del
cooperativismo, en el cual se encauzaba espontáneamente…” (ibíd.). También
observa que la ideología burguesa, la más difundida y constantemente resucitada
en las formas más diversas, se impone constantemente al obrero (nota,
p. 393).
Por eso, la
política sindicalista es la política burguesa de la clase
obrera: “La política tradeunionista de la clase obrera es
precisamente la política burguesa de la clase obrera” (p. 433;
énfasis agregado; repite la idea en p. 445). De manera que “no combatir al
tradeunionismo equivale a fortalecer la influencia de la ideología burguesa
sobre los obreros” (p. 390).
Lo más importante es que se puede ser “clasista” y adherir, sin embargo, a la
ideología burguesa.
Es que un “clasista” puede tener conciencia de que defiende a la clase obrera
en tanto grupo social enfrentado con la clase capitalista, pero limitar
ese enfrentamiento a una redistribución del ingreso. Dicho de otra manera,
se puede defender un sindicalismo “avanzado”, pero que no por ello
trascienda los marcos de la ideología y política burguesa. Por este
motivo, en el enfoque leninista,
no basta con tener conciencia de que existe un conflicto por “el reparto justo
de la torta”. Es necesario entender que el conflicto entre el capital y el
trabajo es irreconciliable porque no hay posibilidad de que el
explotado tenga una ración “justa”, en tanto continúe siendo explotado.
ED ADEMAS DE CLASISTA DEBE SER REVOLUCIONARIO ¡!! (NOTA CHLY)
A modo de conclusión
Una
consecuencia del predominio de la ideología burguesa reformista en la clase
trabajadora es que no se puede explicar el voto masivo de los obreros a los
partidos burgueses con el simple recurso de “son víctimas del fraude” o “están
engañados”. Ni esperanzarse en que “cuando se den cuenta de que el gobierno X
aplica un ajuste económico, abrazarán el programa de la izquierda” (al pasar,
ese fue el discurso de buena parte de la izquierda cuando cayeron los
“socialismos reales”: en cuanto se restaurara el capitalismo, los trabajadores,
educados en las tradiciones del socialismo, se volcarían al socialismo
revolucionario).
La
realidad es que los trabajadores padecen cotidianamente la explotación, o la
desocupación, y no por ello adhieren espontáneamente al socialismo. Y entre las
causas más probables de por qué esto es así están la ausencia de alternativas
sociales que se visualicen factibles (el fracaso de los “socialismos reales” pesa,
y mucho); y la renovación de expectativas en corrientes burguesas, o
pequeño-burguesas reformistas, acordes con el encuadre ideológico dominante. En
este último respecto, es un hecho que el sistema político burgués ha
demostrado, en repetidas ocasiones, capacidad para reciclar las esperanzas de
las masas oprimidas… para llevarlas a nuevas frustraciones. En cualquier caso,
estos procesos no se pueden explicar con el argumento simplista de “hubo fraude
político”, “estafa” o “traición”. El problema de la ideología tiene mayor
espesor que el de la mera maniobra de algún, o algunos, “estafadores
políticos”.
Agreguemos
que, al menos en Argentina, la ideología reformista burguesa está potenciada
por el nacionalismo y la adoración al Estado “que es de todos”. En definitiva,
todo apunta a la misma conclusión: la explicación del carácter de clase de la
ideología y la política sindical burguesa (condimentada de nacionalismo y
estatismo) es parte inseparable e ineludible de la crítica marxista.)
(ESTRATEGIA:
El capitalismo, en
diversas épocas y en esta en particular, ha inyectado al interior del movimiento la ideología
burguesa, apartando a muchos trabajadores de sus deberes de clase.
En el
curso de la lucha, los trabajadores organizo a los sindicatos y, en algunos, casos
la evolución de estos ha permitido resistir en mejores condiciones (no es a si
en la actualidad).
En
nuestra época, el
empirismo, la improvisación y el espontaneísmo son factores de atraso. Para superarlos, necesitamos de referencias fundamentales, banderas
comunes, a enarbolar en todas partes del mundo.
Tareas Políticas
Las
tareas políticas de los trabajadores se refieren a los problemas candentes de
nuestro movimiento, desde un punto de vista estratégico son los siguientes:
1.
Formular y desarrollar el Programa de los trabajadores.
2.
Construir organización en todos los niveles.
3. Vertebrar y articular la lucha social en todos los países.
4. Desarrollar
la cultura obrera para la elevación de la conciencia de
clase.
5. Practicar
la solidaridad proletaria internacional.
El
programa de los trabajadores es necesario, incluso imprescindible, es la
referencia para la acción, son las banderas, el ¿Por qué luchamos? El Programa es para las condiciones de hoy, no es de una
vez y para siempre. Se trata de un Programa para la transición
que debe ser evaluado constantemente y
re-formulado según las circunstancias.
Construir organización significa crear estructura organizativa, como medio para llevar
adelante el Programa. Las organizaciones existentes deben fortalecerse,
evolucionando coherentemente y transformándose en formas adecuadas y
congruentes con las necesidades del movimiento. Es importante, también atraer a los trabajadores que
nunca han estado sindicados e incorporarlos a la lucha de una forma unitaria.
En
todos los países hay sectores sociales en lucha, La clase obrera tiene el deber
de enarbolar las banderas
del presente, tales como, los servicios públicos, la defensa de los recursos naturales, los servicios
estratégicos, así mismo la sanidad, y la educación, el agua y el medio
ambiente. También, es necesario apoyar la lucha por los derechos sociales y
políticos de todos los pueblos y comunidades.
El alma
del movimiento debe ser su conciencia. Para ello, es preciso desarrollar el concepto de cultura obrera, referido
a la cultura del movimiento obrero. El propósito es desarrollar la conciencia de los trabajadores para
elevarla al nivel de conciencia de clase.
Practicar
la solidaridad
internacional entre los trabajadores es un importante medio para lograr la identidad de clase
que nos permita asumir acciones unificadas.
En la
lucha de clases, toda lucha es política. Es característico que el capital y el
Estado siempre enfrente al movimiento obrero y lo reprima. Es necesario, por
tanto, proceder
tácticamente, valorando
con la mejor precisión la relación de fuerzas, teniendo presente que, lo
más importante es preservar, dentro del movimiento, el futuro de éste.
Lo
anterior significa que la
lucha se gana en los preparativos y la
lucha de los trabajadores es un batallar sucesivo que no triunfa en un solo
acto ni de inmediato. El futuro del movimiento tiene en la
organización de los trabajadores a su principal baluarte. Por ello, en
cualquier circunstancia es pertinente conservar a la organización para estar
capacitados para continuar la lucha de clases.
El discurso enseña pero el ejemplo arrastra. Es decir, no basta los
llamados, los trabajadores conscientes debemos ser ejemplo de trabajo, estudio, honestidad y ética, con una
práctica política unitaria, incluyente y democrática.
La
movilización no son solamente marchas y mítines. Conviene diseñar planes de acción múltiples que permitan incorporar al
conjunto de los trabajadores. En ninguna parte existe la democracia obrera sin participación de los trabajadores.
Esto implica la toma de decisiones colectivas mayoritarias para asumir acciones
de gran calado.
La
prensa de los trabajadores y la huelga son dos armas fundamentales de la clase
trabajadora que deben utilizarse conscientemente. La prensa de los
trabajadores es un importante medio para la organización y educación de los
trabajadores. La huelga es un medio, jamás un fetiche, para el logro
de algunas conquistas. Pero el uso de este medio requiere un alto nivel de
responsabilidad política, tanto para hacerlo exitosamente posible, como para
evitar que pierda efecto.
La
dirección política del movimiento necesita incorporar a los mejores trabajadores para evitar la
burocratización. En todo momento, los representantes deben rendir cuentas,
teniendo los trabajadores el derecho
de revocarles la representación.
CONCLUSIONES
Sacamos
las siguientes propuestas:
Llamamos
a los trabajadores de España y del mundo a la lucha unitaria basada en un
proyecto de clase que tiene como tareas políticas las siguientes.
o
Formular y desarrollar el programa
de la clase de los trabajadores
o
Construir
organización en todos los lugares y a todos los niveles
o
Vertebrar
y articular la lucha social en todos los lugares
o
Desarrollar
la cultura obrera para la elevación de la
conciencia de clase
o
Practicar la solidaridad
proletaria internacional.)
(LEN)
1. La
emancipación de los obreros debe ser obra de los obreros mismos. (10)
2
- Es misión cooperar en la lucha de la clase obrera por su emancipación,
desarrollando la conciencia de clase de los obreros, contribuyendo a su
organización y señalando las tareas y los objetivos de la lucha. (9) -
Dentro
de cada sindicato, se subordinan con lealtad a la mayoría de los obreros pero
luchan por ampliar la influencia de sus ideas. (263) -
El
desarrollo de la conciencia de clase de los obreros debe hacerse mediante la
contribución a su lucha por sus necesidades más esenciales. (28) -
Las
tareas de los sindicatos consisten en ser los artífices de la nueva vida, en
ser educadores de nuevos millones y decenas de millones de seres que aprendan
por propia experiencia a no cometer errores
y a desechar los viejos prejuicios, que aprendan por propia experiencia
a dirigir el estado y la producción: sólo en esto reside la garantía infalible
de que la causa del socialismo venza por completo, excluyendo toda posibilidad
de retroceso. (339)
3. CONTRA EL SECTARISMO - Es preciso no quedar al margen de los sindicatos y, por encima de todo, no dar motivo para pensar que hay que quedar al margen, sino esforzarse por participar, por influir, etc. (145) - Cuanto más amplias sean las organizaciones sindicales más amplia será nuestra influencia en ellas. (113) No es cosa nuestra cultivar el trigo en pequeños tiestos. (115) - Durante toda una serie de años, Engels insistió tenazmente en que los marxistas ingleses cometían un error al actuar de modo sectario, al no saber sumarse al instinto de clase de las Trade Unions (sindicato inconsciente, pero poderoso), al transformar el marxismo en un ‘dogma’ cuando lo que debe ser es ‘una guía para la acción’. Cuando existen condiciones objetivas que frenan el desarrollo de la conciencia política y de la independencia de clase de las masas obreras, hay que saber trabajar mano a mano con ellas pacientemente, con firmeza, sin hacer concesiones en los principios, pero sin renunciar a actuar en el centro mismo de las masas obreras. (206) - Los marxistas no son huéspedes casuales en el movimiento obrero. Saben que tarde o temprano todos los sindicatos adoptarán su posición sobre la base del marxismo. Están convencidos de que el futuro pertenece a sus ideas y, en consecuencia, no fuerzan los acontecimientos, no aguijonean a los sindicatos, no les cuelgan rótulos ni los dividen. (264) - Tampoco puede dejar de parecernos un absurdo ridículo y pueril las disquisiciones pomposas, muy sabias y terriblemente revolucionarias de los izquierdistas alemanes, quienes afirman que los marxistas no pueden ni deben actuar en los sindicatos reaccionarios, que es permisible renunciar a semejante actividad, que es preciso abandonar los sindicatos y organizar sin falta una ‘unión obrera’, completamente nueva y pura, inventada por comunistas muy simpáticos (y en la mayoría de los casos, probablemente, muy jóvenes), etc, etc. (359) - Pero es tal, precisamente, la estupidez en que incurren los comunistas alemanes ‘de izquierda’, los cuales deducen del carácter reaccionario de los cabecillas sindicales la conclusión de que es preciso... ¡salir de los sindicatos!!, ¡¡renunciar a actuar en ellos!!, ¡¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas!! Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. (362 y s.) - Para saber ayudar a ‘las masas’ y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las cicatrices, las zancadillas, los insultos y las persecuciones por ‘los jefes’ y se debe actuar sin falta allá donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para efectuar una propaganda y una agitación sistemáticas, tenaces, perseverantes y pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y asociaciones, por reaccionarias que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los sindicatos son cabalmente las organizaciones donde están las masas. (363)
3
- Podemos (y debemos) emprender la edificación del socialismo no con un
material humano fantástico ni especialmente creado por nosotros, sino con el
que nos ha dejado como herencia el capitalismo. Esto es, sin duda, muy
‘difícil’; pero cualquier otro modo de enfocar el problema es tan poco serio
que no merece la pena hablar de ello. (360).)
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