RUTA de la CAPACITACIÓN


RUTA de la CAPACITACIÓN

1) Presentación 2) Temario y Temario Continuación
3) Bibliografía Generadora 4) Video Generador
5) Capítulo correspondiente

Pestañas secundarias:
Herramientas de Acción Sindical

Verán que parte importante de lo expuesto tiene origen en materiales del PO y especialmente su Tendencia. Es opinión personal tras más de 38 años de lectura y seguimiento crítico, que es la vertiente política más clara y honestamente representativa de las verdaderas ideas socialistas y revolucionarias que son objeto de este material de análisis y debate.

sábado, 8 de agosto de 2020

A1 LAS FORMAS DEL TRABAJO y LA HISTORIA

A1 LAS FORMAS DEL TRABAJO Y LA HISTORIA

Pablo Rieznik.2007

(Extractos.) Lectura generadora para iniciar previo a la lectura del Capítulo I.

Es un hecho que, en el nacimiento de la economía política y de la sociología modernas —disciplinas que ciertamente conocen un origen común—, el concepto de trabajo y su significado ocupan un lugar central y privilegiado. No es menos evidente que el descubrimiento y la dilucidación del papel del trabajo en nuestra época deriva de las propias transformaciones que hicieron del trabajo humano y de sus resultados materiales una potencia práctica sin precedentes en cualquier período histórico previo.

En este sentidoel trabajo como fuerza productiva aparece como un producto del capitalismo, es decir, de las relaciones de producción que son la peculiaridad de la sociedad burguesa.

Es claro, sin embargo, que la propia modernidad es imposible de ser concebida sin un desenvolvimiento propio de los resultados del trabajo.

 Es la capacidad humana de transformar la naturaleza la que en un estadio histórico determinado de su evolución creó las condiciones que permitieron, primero, la acumulación original de capital y, más tarde, el despliegue de la industria, la configuración de mercados compatibles con la extensión y los requerimientos de la circulación en escala nacional e internacional.

El trabajo, la posibilidad del hombre de adecuar especialmente el entorno a sus necesidades, es, en definitiva, la condición de su misma supervivencia.

Pero sólo con el capitalismo el poder social del trabajo encuentra una dinámica y un modo de producción que hacen de su rendimiento creciente la clave misma de su existencia.

El crecimiento sistemático es una necesidad de la propia producción capitalista y una forma de existencia compulsiva de los propietarios de los medios de producción.

El capitalismo se constituye como tal haciendo de la potencia del trabajo una configuración societal específica, creando una clase trabajadora completamente separada de las condiciones e

instrumentos de su propio trabajo y que sólo puede existir vendiendo su capacidad subjetiva de trabajar.

La investigación sobre el carácter de este trabajo y su capacidad de multiplicar sus frutos en una dimensión completa- mente desconocida en épocas pretéritas es fundante para toda la ciencia social moderna y para la economía en particular.

El trabajo en la historia

E n la historia anterior, el trabajo ni siquiera era concebido como algo propio de la actividad humana, es decir, como un atributo específico de la acción del hombre dirigida a asegurar y crear las condiciones de su propia vida de un modo único y que le es propio.

No se identificaba la riqueza con el trabajo en ningún sentido.

De un modo general, en el mundo antiguo y durante un largo lapso posterior, hasta el final de la Edad Media prevaleció una cosmovisión organicista y sexuada: “La Tierra concibe por el Sol y de él queda preñada, dando a luz todos los años”, según la expresión aristotélica.

 La riqueza era un don de la tierra, imposible de ser creada o reproducida por la intervención del mismo hombre que, en todo caso, se limitaba a descubrirla, a extraerla y consumirla. La idea misma de producto o producción humana estaba completamente ausente en la Antigüedad.

Dominaba la creencia de que aquellos materiales que aseguraban al ser humano su reproducción existían

apenas como resultado del vínculo mencionado entre la Tierra y las potencias celestes, a las que normalmente se les asignaba el atributo de la masculinidad. En la unión, entonces, del Cielo y la Tierra debía buscarse el origen de los animales, las plantas o los minerales “paridos” por esta última, e incluso no faltan mitos y leyendas que atribuyen al propio hombre este origen.

L a mitología de la fecundidad de la agricultura, del arado y de la metalurgia se inscribe ya bajo el dominio del dios fuerte, del macho fecundador, de la Madre-Tierra, del dios del cielo que clavaba en la tierra su hacha y su martillo, originando así el rayo y el trueno. De ahí el carácter mágico asignado primero al hacha de piedra y después al martillo del herrero, que no hacía sino imita r simbólicamente el gesto del dios fuerte.

Las prácticas agrícolas nacieron como ritos tendientes a propiciar este maridaje originario y, con ello, los frutos obtenidos. El arado comenzó siendo un instrumento en estas prácticas rituales de culto a la fertilidad: tirado por un buey que se consideraba símbolo celeste y guiado por un sacerdote, penetraba en las entrañas de la Madre-Tierra asegurando su fecundidad; la siembra misma y el abonado constituían otros tantos ritos para propiciar la fertilidad vegetal, a la cual se asociaba la propia vida sexual del hombre. Es el motivo por el cual las prácticas orgiásticas estaban entonces abundantemente relacionadas con la agricultura en la historia de las religiones. Posiblemente también pudo obedecer a la intención de facilitar esa unión sexual entre el Cielo y la Tierra, y la consiguiente fertilización de esta última............

......La idea misma de producción humana carecía-de sentido; la-riqueza no era producida ni acumulada-por- el-hombre..

El trabajo para el mantenimiento de la vida era concebido, por lo tanto, apenas como una compulsión, tarea obligada y penosa, ejercicio propio del degradarse, extraño a aquello que podría caracterizar lo más elevado de la esencia del hombre como tal.

En la Grecia clásica, el-trabajador era esclavo; el hombre no trabajaba.

No hay en la lengua griega una palabra, por lo tanto, para designar él trabajo humano con la connotación que le otorgamos en la actualidad.

Tres sustantivos designaban, a su modo, actividades que hoy identificamos con el acto: labor, poiesis, praxis

Labor se refería _a la-disposición corporal en las tareas pertinentes del hombre para mantener su ciclo vital, por lo tanto asegurar la perpetuacion de la especie bajo el dominio de los ritmos propios de la naturaleza y del metabolismo humano. Implica pasividad y adaptación del agricultor a las leyes suprahumanas que determinan la fertilidad de la tierra y de los ciclos naturales.

Poiesis define, en cambio, el trabajo que no se vincula a las demandas, de la supervivencia; es el hacer y la creación del artista, del escultor, del que produce un testimonio perenne y libre (no asociado a las exigencias inmediatas de la reproducción de su vida). Poiesis es la trascendencia del ser, más allá de los límites de su existencia, lo que se manifiesta en una obra perdurable un modo de afirmarse en el mundo natural y sobrenatural.

PRAXIS, finalmente, es la identificación de la más humana de las actividades. Su  instrumento es también algo específicamente humano: el lenguaje, la palabra; y su ámbito privilegiado es la vida social y política de la comunidad, de la polis.

 Median te la praxis el hombre se muestra en su verdadera naturaleza de hombre libre y consecuentemente de animal político, de ciudadano, de miembro de una colectividad, que es lo que le da sentido a su vida individual. Como ha sido señalado al respecto, el concepto de “derecho natural del individuo” es ininteligible para los griegos. Como es sabido, corresponde a Aristóteles la definición recién citada de que el hombre es, por sobre todas las cosas, un animal político “ [ya que] es manifiesto que la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, pues si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo deberá estar, con el todo político, en la misma relación que las otras partes lo están con su respectivo todo. El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesita de ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios.

En todos los hombres hay, pues, por naturaleza, una tendencia a formar asociaciones de esta especie” . La praxis griega, por lo tanto, tan distante de la apreciación moderna sobre el carácter del trabajo, incorpora ya, no obstante, una dimensión absolutamente social vinculada con la conciencia, con el hablar, con la comunicación entre los hombres: es decir, un principio constitutivo del trabajo que le es intrínseco al  trabajo cuando se lo considera como actividad exclusiva de la especie humana.

En el mundo antiguo, el trabajo que podemos llamar “intelectual”, el que se identifica con la libertad y la esencia del hombre, se presenta como opuesto a la naturaleza servil y humillante del trabajo físico. La tarea del artesano, aun cuando no fuera esclavo, no resultaba una manifestación libre del productor, puesto que era una elaboración dirigida y condicionada a la satisfacción de una necesidad inmediata del consumidor y, al mismo tiempo,un recurso, un medio, para el sostenimiento del mismo productor. Esclavo del objeto y de las necesidades del usuario, el artesano no se diferencia de las herramientas y los medios de trabajo de que dispone. lmporta no el proceso de trabajo sino su resultado, que no aparece como creación sino como configuración determinada por la realidad independiente o determinante del objeto a ser usado o consumido.

 La actividad libre es la que no genera nada y se manifiesta externa a la compulsión física del objeto o la necesidad material.

Una actividad que no se presenta, además, como resultado social de un determinado desarrollo productivo (que permite que el hombre libre no trabaje porque subsiste merced al trabajo de otros). Trabajo y no trabajo, con el significado aquí descripto, se encuentran en una oposición dada e irreductible, natural y eterna. '

Los mitos y la religión fijaron esta característica como escatológica: en Ia tradició judeo-cristiana el trabajo productivo se presenta, entonces, como carga, pena y sacrificio impuestos como castigo a la caída del hombre en la miseria de la vjda terrenal. Trabajo y sudor, parto y dolor, consecuencia del pecado

original, es s la célebre expresión bíblica del trabajo"que lo estigmatiza "como condena, doblemente asociada a la tarea material para mantenerse en el hombre y para reproducir a la especie en la mujer.

En la raíz latina trabajo deriva de "tripalium" herramienta con tres puntas afiladas para herrar caballos, triturar granos y un instrumento de tortura........ 

.....Nadie ha definido con mas vigor que Marx la relación del hombre con la naturaleza en la actividad del trabajo, concebido como un rasgo específico de la especie humana..

El trabajo (dejando de lado todo sello particular que haya podido imprimirle tal o cual fase del progreso económico de la sociedad) es, ante todo, un acto que tiene lugar entre el hombre y la naturaleza.

Al trabajar, el hombre desempeña frente a la naturaleza el papel de un poder natural, pone en acción las fuerzas de que está dotado su cuerpo, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de asimilar las materias dándoles una forma útil para su vida.

Al mismo tiempo que, mediante este proceso, actúa sobre la naturaleza exterior y la transforma, transforma también su propia naturaleza desarrollando las propias facultades que en ella dormitan.

En lo que se refiere al propio Marx, esta definición del trabajo de su obra más elaborada se encuentra en total armonía con el concepto fijado en sus trabajos juveniles.

Casi, diríamos, de un modo b r u t a l “El total de lo que se llama la historia del mundo no es más que la creación del hombre por el trabajo humano” ......

…….todo ser vivo para sobrevivir depende de un intercambio determinado con la naturaleza de la cual él mismo proviene. Este intercambio puede ser totalmente pasivo, como es el caso de todas las especies

del reino vegetal. Se trata de una primera distinción pertinente a la hora de considerar lo específico de cualquier conducta animal dirigida a la supervivencia, marcada, entonces, por un comportamiento activo o dirigido a un propósito determinado (Apoderarse de los materiales de la naturaleza no constituye de por sí trabajo alguno.

El trabajo sólo comienza cuando una determinada actividad altera los materiales naturales, modificando su forma original. De cualquier manera, lo que compete al trabajo humano en su particularidad son las diferencias que lo separan de un modo radical de lo que puede considerarse como trabajo puramente animal.

 En consecuencia, dice Marx en El capital:

No tenemos frente a nosotros aquellas formas primitivas e instintivas de trabajo que nos recuerdan la de los animales. [...] Presuponemos el trabajo en una forma que lo hace exclusivamente humano. Una araña realiza operaciones que se asemejan a las de un tejedor y una abeja hace avergonzar a un arquitecto en la construcción de sus celdas, pero lo que distingue al peor de los arquitectos de la mejor de las abejas estriba en que el arquitecto levanta su estructura en la imaginación antes de erigirla en la realidad.

Al final de todo proceso de trabajo tenemos un resultado que ya existía en la imaginación del trabajador en su comienzo. Este no sólo efectúa un cambio de forma en el material sobre el que trabaja, sino que también realiza un propósito propio que rige su modus operandi al cual debe subordinar su voluntad.

CONCIENCIA y PROPOSITO como rasgos esenciales del atributo humano del trabajo se delimitan, en consecuencia, del acto meramente instintivo, anclado en mecanismos congénitos, innatos.

 El trabajo del hombre reposa en su carácter único a partir de la posibilidad del pensamiento conceptual, de la capacidad de abstracción y de representación simbólica.  Su origen es la naturaleza única del cerebro humano.

De este modo el trabajo como acción a propósito, guiada por la inteligencia, es el producto especial de la humanidad.

El trabajo que trasciende la mera actividad instintiva es, por lo tanto, la fuerza con la cual el hombre creó al mundo tal como lo conocemos. La posibilidad de todas las diferentes formas sociales que han surgido y puedan surgir dependen en último análisis de este signo específico del trabajo humano.

Como señala Braverman, a partir de esta característica de la biología humana el trabajo del hombre puede emanciparse de la exigencia instintiva de las acciones dirigidas a la supervivencia propia de cualquier otro animal.

No se trata de que a partir de sus aptitudes cerebrales el hombre aprenda a resolver ciertos problemas que presenta la inadaptación de ciertos recursos de la naturaleza para su utilización o consumo; esto también lo pueden concretar algunas especies no humanas.

El quid de la cuestión es aquí que con el desarrollo de la capacidad de representación, del lenguaje y de la comunicación por medio de los signos que le corresponden, el hombre puede transmitir y delegar la ejecución de un trabajo:

La unidad de concepción y ejecución puede ser disuelta.

La concepción precede y rige la ejecución, pero la idea concebida por alguien puede ser ejecutada por otra persona. La fuerza rectora del trabajo sigue siendo la conciencia humana pero la unidad entre dos puede ser rota en el individuo y restablecida en el grupo, el taller, la comunidad, la sociedad como un todo.

El cerebro, la mano, el trabajo

H a y que evitar, sin embargo, la tentación de identificar el origen del trabajo con las cualidades del cerebro privilegiado del hombre, cuyo singular poder explicaría el dominio humano sobre el resto de los animales. Los antropólogos y paleontólogos creyeron durante mucho tiempo que el desarrollo del cerebro era la verdadera clave para explicar el principio mismo de la evolución de nuestra especie y del cual derivarían la postura erecta y el lenguaje articulado como manifestaciones secundarias. En un principio, entonces, la

mente. Los descubrimientos de la ciencia y el hallazgo de fósiles que permitieron verificar el sendero histórico del desarrollo de nuestra especie comprometieron, sin embargo, el rigor de tal esquema interpretativo, como lo puso de relirve recientemente Stephen Jay Gould.

Ahora sabemos, en consecuencia, que el cerebro del hombre comenzó a crecer debido al logro de la

postura erecta; por el estímulo poderoso que suministró a la inteligencia el hecho de que las manos fueran liberadas de la locomoción.

La evolución del hombre consistió en un cambio más rápido en la postura que en el tamaño del cerebro; la liberación de nuestras manos para usar herramientas precedió a la mayor parte del crecimiento de nuestro cerebro.

Notablemente, Gould destaca el “brillante resultado” que, en torno de esta cuestión, anticipó “una fuente que sin duda sorprenderá a la mayoría de los lectores”:

Friedrich Engels en su E l papel del trabajo en la transformación del mono al hombre —publicado postumamente en 1896—, que desafortunadamente no tuvo impacto visible en la ciencia occidental.

Engels considera tres puntos esenciales en la evolución humana: el habla, el tamaño del cerebro y la postura erecta. Plantea que el primer paso debe haberse logrado cuando ciertos monos empezaron a descender de los árboles, hecho que promovióla subsecuente evolución de la postura erecta de nuestros antepasados terrestres. Cuando se movían en el nivel del suelo estos monos comenzaron a

adquirir el hábito de usar sus manos y de adoptar una postura más y más erecta. Éste fue un paso decisivo en la transición del mono al hombre. La postura erecta libera las manos para fabricar herramientas (trabajo, en la terminología de Engels).

El crecimiento de la inteligencia y el habla vinieron después. En consecuencia: Las manos no son sólo un órgano de trabajo, son también un producto del trabajo. Sólo por el trabajo, por adaptación a cada nueva operación [...] por el siempre renovado empleo de estas mejoras heredadas en nuevas, más y más complicadas operaciones, alcanzó la mano humana el alto grado de perfección que la ha capacitado para hacer realidad las pinturas de Rafael, las estatuas de Thorwaldsen, la música de Paganini.

Este punto de vista, no obstante, no es original de Engels puesto que ya había sido adelantado por un contemporáneo, el antropólogo y arqueólogo estadounidense Lewis Morgan. En cambio, Gould subraya que la importancia del trabajo de Engels consiste no en su conclusión sustantiva sino en su incisivo análisis político de por qué la ciencia occidental es tan comprometida con la afirmación apriorística de la primacía cerebral. Cuando los humanos aprendieron a manejar su propio entorno material, dice Engels, otras habilidades fueron añadidas a la primitiva caza-agricultura: hilado, alfarería, navegación, artes y ciencia, ley y política, y por último “ la reflexión fantástica de las cosas humanas en la mente humana: la religión.

Cuando la riqueza se acumuló pequeños grupos de hombres alcanzaron poder obligarona a otros hombres a trabajar para ellos……………………………… toda riqueza y la fuerza motriz de la evolución-humana, asumió el mismo devaluado status de aquellos que trabajaban para los gobernantes.

Desde que los poderos5s~go-—bernában a~su voIuñtad7^^tes-acciom sT^ercerebro aparecían como si tuvieran poder por ‘ s f mfsmas.

 La filosofía profesional persiguió un ideal inmaculado de libertad. Los filósofos descansaron en un patronazgo estatal-religioso.

Aun si Platón no trabajó conscientemente para reforzar los privilegios de los gobernantes con una filosofía supuestamente abstracta, su propia clase dio vida a un énfasis en el pensamiento como lo primario, lo dominante y en particular más importante que el trabajo por él supervisado. Esta tradición idealista dominó la filosofía hasta los días de Charles Darwin. Su influencia fue tan subterránea y persuasiva que incluso científicos tan apolíticos y materialistas como Darwin cayeron bajo su influjo. Un prejuicio debe ser reconocido antes de ser combatido: la primacía del cerebro parecía tan obvia y natural que era aceptada como dada, más que reconocerla como un prejuicio...

Trabajando para no trabajar

Lo cierto es que el Homo faber es el hombre, recordando aquella definición de toolmaking animal de Benjamín Franklin citada por Marx en E l capital, y que retoma su conocida afirmación de que el hombre se distingue del animal en el proceso histórico real, cuando produce los elementos que hacen a su vida, cuando produce su vida. El trabajo, el modo de producción, la actividadvital, pueden ser utilizados como sinónimos si la consideración antropológica hunde sus raíces en el sujeto histórico auténtico, en las etapas de su desarrollo real.

Es decir, el abordaje antropológico sobre el concepto de trabajo debe ser al mismo tiempo una aproximación histórica, el análisis del proceso de diferenciación que le es específico como resultado de las transformaciones operadas en el vínculo cambiante del hombre con sus instrumentos y objetos de trabajo así como con el resultado de la actividad de producción de su vida.

En términos generales podemos definir tres grandes etapas en esta evolución:

1) las manifestaciones iniciales del hombre en la preparación y el mejoramiento de herramientas seminaturales que permitieron un principio de supervivencia diferenciada cómo especie biológica y sin que aún surgiera con caracteres definidos una  división social del trabajo, más allá de la dictada por la diferencia de sexos

2) el Neolítico que se afinca en un terreno y se organiza como tal e la producción y en los ciclos  propios de la agricultura y la crianza de animales,

 3) el nacimiento de la industria y el desplazamiento moderno del centro de la producción del campo a la ciudad.

Cario Cipolla ha dicho con razón que no debemos abusar del término “revolución” al estudiar la dinámica más amplia de la historia de la población humana con relación a las formas productivas de la especie.

 El primer cambio revolucionario consiste precisamente en la superación del nomadismo permitido por el dominio inicial del cultivo de la tierra

El segundo, ya en los albores de la Historia presente, es el de la revolución industrial. Su forma social particular es la que corresponde al modo de producción capitalista, a la separación de los productores de sus medios de producción y al surgimiento de la clase trabajadora moderna resultante de la expropiación de los viejos trabajadores (campesinos, artesanos) de sus condiciones de trabajo.

Por la misma razón, el trabajo moderno es el trabajo asalariado, la conversión de la capacidad de trabajar en mercancía y su delimitación muy precisa, en consecuencia, como actividad remunerada, en una esfera definida de la vida social.

La mutación actual, en el trabajo deriva enteramente de los resultados de esta última revolución y del anticipo de la próxima. Esto es, de la posibilidad del hombre de emanciparse del trabajo mismo o, si se quiere, de modificar radicalmente el carácter social de éste, su actividad vital por excelencia.

 


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